A todo esto aparece en el escenario, ante las poco mas de 50 personas que allí estabamos un chico escuálido y con una guitarra. El acento le delata; este tipo ha nacido en Montevideo por lo menos. Se declara uruguayo, Franny Glass para mas señas y fué un gran descubrimiento personal. Habló en sus canciones de amores, libros, cafeterias, revisores de autobus, y nos contó la historia de como Emiliano y Juana conocieron a Dios (impresionante temazo a la par que divertido).
El concierto bien, majetes los Lovely, buen descubrimiento también, todo correcto: con sus vaciladas, sus chistes, sus posturitas a lo Hendrix a pesar de ser mas bien poco rockeros y por supuesto sus canciones, claro. Pero la cerveza de después estuvo aún mejor. Uno empieza a pensar que con los años valora infinitamente mas cada sorbo de cerveza, y si es coronita pues mas todavía. Empiezan a quedar irremediablemente lejos los tiempos de beber como posesos, tiempos en los que lo mismo daba un roto que un descosido. Tiempos de acabar tambaleándose en cualquier bar o en cualquier esquina. Cualquier excusa era buena para beber... o cualquier bebida era buena para aplacar cualquier excusa. Daba igual. Quizas es lo que uno mas añora. Ahora entiendo a Sabina cuando cantaba aquello de "ahora, que tengo un alma, que no tenía...".
PD: Y este viernes toca concierto de Quique Gonzalez, ese si que sabe.