No vamos a ganar; pero un momento, hay que pelear...¡como no vamos a pelear!.Hay que levantarse y pelear, claro que si, porque a falta de esperanza, al menos tendremos dignidad.
Arturo Perez-Reverte
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miércoles, 19 de mayo de 2010

En la autovía del noroeste

Guadalajara empezaba a quedar atras, así como los cuatro gigantes made in Florentino del centro de Madrid.
Estaba donde quería estar; en mi coche, con la rubia, escuchando mi música.Envuelto en uno de esos fantásticos viajes de vuelta. Esos viajes donde ella empieza a bostezar y a amodorrarse en el asiento del copiloto mientras las gasolineras parpadean a ambos lados de la autovía del noroeste. Mientras, el tendido eléctrico convertido en una silueta, se recorta contra el azul/violeta/naranja/amarillo del cielo. Mientras, los coches que me acompañan se convierten en luces rojas y blancas, islotes en la oscuridad que nos rodea.
El incipiente verano se va dejando notar y unos agradables 21.5 grados (dato patrocinado por el climatizador de mi Clio) se instalan en el coche.
Mis manos recorren con tacto la superficie del volante de cuero, pelado en algunos trozos, como quién acaricia a un caballo. La luz anaranjada del velocímetro se refleja en mi cara y en mi eterno pelo despeinado. Las lineas discontinuas se suceden y no me importaría seguir conduciendo toda la noche...
Siempre sucede así, es uno de esos momentos de "plena consciencia" de comunión con el medio, con lo que te rodea y con el universo si nos ponemos. Todo encaja. Tú por supuesto no lo sabes, pero sin embargo... sin embargo eres consciente, algo te lo dice, y por eso sonries; por eso una tímida sonrisa acude a la comisura de tu boca.
Miro por el retrovisor y veo mis ojos reflejados en el, como si fueran los de otra persona dentro de mí que me dijeran: "Todo está bién".
Giro la cabeza un momento; ella duerme. "Todo está bién".
Y...¿Porqué será que a pesar de todo, siempre hay un componente de amargura? ese toque amargo.... quizas porque sabes que ese gran momento no volverá, quedará olvidado en tu memoria; con suerte en alguna entrada desconocida de un blog desconocido. Y se acumulará junto a otros buenos momentos, todos pasados. Será que ese toque de amargura forma parte del "Todo está bien".

Visto desde lejos un minúsculo puntito blanco se mueve a lo largo de una serpiente de asfalto entre dos puntos A y B al azar; llamémosles por ejemplo Madrid y Valladolid.
Visto desde cerca, un idiota acompañado de una rubia viven su sueño; y aún estan en el primer capítulo.

jueves, 4 de marzo de 2010

Caminante por el polígono

El huesudo perro era el ancla en el extremo inferior del lienzo que se dibujaba a traves de mis Ray-Ban. De color parduzco, me miró un momento antes de cruzar unos railes de tren y perderse entre la maleza.
El asfalto gastado y los pequeños guijarros sueltos crujían bajo mis converse y apenas se adivinaban ya las lineas blancas que delimitaban los carriles del sentido del tráfico. Una sempiterna furgoneta blanca, con un par de abolladuras pasó junto a mí.Había estado lloviendo la noche anterior, y el suelo aún no estaba seco en su totalidad. Caminando por el linde del camino miraba distraido los edificios tan propios de barrio obrero que se levantaban en frente,a ladrillo descubierto; es por eso que no ví un charco hasta que lo sentí en mi pié.Demasiado tarde amigo. Un agua turbia, ensuciada por la goma quemada de las ruedas de los coches y el barro, un agua que tuvo la desgracia de caer en el extrarradio y no en una glamourosa y peatonal calle del centro de la City. No, su destino no era servir de reflejo a un neón, era ser pisada por una mugrosa converse.
Me encaminaba admirando el decadente paisaje que tanto encanto tiene para los que nunca hemos tenido un pueblo al que ir en verano. Ese paisaje de balones pelados, verjas oxidadas y aspecto de desencanto y semiabandono. Por ahí caminaba yo mientras el viento mecía mi vieja chupa de cuero, que lleva a sus espaldas ya muchas batallas.
El paisaje lo completaba una gasolinera que se integraba perfectamente con el resto del cuadro, enclavada en tre una curva de la carretera y una vaya de alambre de espino, que en su momento delimitaba un cuardel del ejército y que ahora sirve unicamente como techo provisional a los que no tienen nada mejor.
Por ahí caminaba yo, con un cielo en forma de manta gris, un asfalto destartalado y mis converse mojadas. Entiendo perfectamente a Quique Gonzalez cuando dice: "Me siento like a rolling stone".