No vamos a ganar; pero un momento, hay que pelear...¡como no vamos a pelear!.Hay que levantarse y pelear, claro que si, porque a falta de esperanza, al menos tendremos dignidad.
Arturo Perez-Reverte
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lunes, 12 de abril de 2010

Reflexiones después de un conciertillo

La cerveza me estaba sabiendo a gloria, acodado en la barra de Mambo, o como demonios se llame ahora (me la pela, para mi siempre será Mambo) un jueves cualquiera de primavera charlando con la señorita espléndida en la que se ha convertido mi hermana. Esperando a que empezara el concierto que habiamos venido a ver; no les conocía pero su nombre sonaba bien "Lovely Luna" se llaman. Pues vale, a ver que se cuentan.
A todo esto aparece en el escenario, ante las poco mas de 50 personas que allí estabamos un chico escuálido y con una guitarra. El acento le delata; este tipo ha nacido en Montevideo por lo menos. Se declara uruguayo, Franny Glass para mas señas y fué un gran descubrimiento personal. Habló en sus canciones de amores, libros, cafeterias, revisores de autobus, y nos contó la historia de como Emiliano y Juana conocieron a Dios (impresionante temazo a la par que divertido).
El concierto bien, majetes los Lovely, buen descubrimiento también, todo correcto: con sus vaciladas, sus chistes, sus posturitas a lo Hendrix a pesar de ser mas bien poco rockeros y por supuesto sus canciones, claro. Pero la cerveza de después estuvo aún mejor. Uno empieza a pensar que con los años valora infinitamente mas cada sorbo de cerveza, y si es coronita pues mas todavía. Empiezan a quedar irremediablemente lejos los tiempos de beber como posesos, tiempos en los que lo mismo daba un roto que un descosido. Tiempos de acabar tambaleándose en cualquier bar o en cualquier esquina. Cualquier excusa era buena para beber... o cualquier bebida era buena para aplacar cualquier excusa. Daba igual. Quizas es lo que uno mas añora. Ahora entiendo a Sabina cuando cantaba aquello de "ahora, que tengo un alma, que no tenía...".
PD: Y este viernes toca concierto de Quique Gonzalez, ese si que sabe.

miércoles, 15 de julio de 2009

Las noches que yo cuento

Calurosa pasa la década de los 20 años, como pasaba la reciente noche veraniega en el horno de Valladolid que hace poco viví, o debería decir que mas bien disfruté.
Con la reciente pasada del ecuador de la citada segunda década (y es que ya voy por los 26, cagüen la leche) llegan, más dudas al mogollón de las que ya tengo en la mochila;pero no todo es malo, porque vienen acompañadas de nuevas certezas, nuevas formas de pensar que antes no veía.Siendo así, y sabiendo como viene la mano (aún así sigo sin renunciar a que en la siguiente me entre el poker de ases) la pregunta es: ¿Porque no disfrutar? y en eso estamos.
Porque mañana me daré un garbeo por la capital del reino del rejunte de pueblos que algunos llaman España para ver en una ocasión única al asesino, al killer, a Jerry Lee Lewis bien acompañado por uno de mis mas fieles compañeros de fatigas y estrafalarias noches de fiesta.
Pero me desvio del tema... hablaba de una calurosa noche de verano castellano, de una solitaria cerveza (Los tiempos estan cambiando , como diría Loquillo), de una mujer enamorada y de un imbecil que escribe blogs.
Descubrí entre risas, miradas y sonrisas, bares en los que había estado varias veces, y digo descubierto, porque realmente les descubría, ya que estando uno sereno, las cosas cambian.Y noté también que uno de los motivos que me impulsaban a despreciarlo todo, sigue ahí: la gente es estúpida.Y es que cuando uno se anestesia a base de vodka importado de Leningrado y Jack Daniels importado de cualquier rancho de cualquier gilipollas de cualquier estado de los putos EEUU, la "estúpida gente" desaparece de los bares, con lo cual desaparecía uno de mis problemas.¿Cual es la evolución?La evolución es qu eahora les miro y, aún sabiendo que son imbeciles, soy capaz de mirarlo desde fuera, y sonreir.Y que cada uno se tome esa sonrisa cmo quiera.Yo solamente me dedicaba a echar un billar con la muchacha enamorada que decía antes.
Esa es la diferencia, la evolución, el comprender y el "superarlo".El disfrutar de cada hoja de u narbol meciéndose en la noche a la deprimente luz de una farola de barrio.
Porque cualquier calle ajetreada se convierte por unos instantes, mientras uno camina de un bar a otro, en una inesperada fuente de bienestar; para al instante siguiente, volver a ser la bulliciosa calle céntrica de un sábado nocturno.
Y que mejor modo de terminar la noche que retirándonos discretamente con el clio durante... que se yo, quizas mas de una hora a cantar ella y yo a trío con "el flaco", olvidándonos de que existe mas gente a parte de nosotros dos, olvidándonos de la hora y en definitiva, del resto del mundo.
Y doy fé de que no salimos a bailarnos una afuera del coche con las farolas como focos del escenario por muy muy poquito.
Lo comento por si alguna noche volveis de fiesta y veis una pareja, ella guapísima y él con cara de loco bailando al ritmo de la música que sale de un clio aparcado a su verita.
Y es que con Sabina, todo sabe mejor de lo que sabe.